«Arroz con leche me quiero casar…»

En este texto nos proponemos reflexionar sobre los estereotipos, los medios masivos de comunicación y los mensajes que repercuten en nuestra sociedad.

13 de octubre de 2022

Para comenzar a hablar de estereotipos, pensemos un par de ejemplos de prácticas productoras de sentido, que tienen un rol importante en la cultura y legitiman sentidos naturalizados en nuestra sociedad. Por ejemplo, un cartel de publicidad en la calle donde aparece mitad de color rosa, y tiene a una nena jugando con muñecas, una cocinita, un juego de peluquería, un bebé de plástico y maquillaje. Del otro lado de la publicidad se ve que el fondo es de color azul con un nene jugando con una pelota, unos autitos, plastilina, vestido como policía y con armas.

 

Esta publicidad es de una juguetería, por el día de la niñez. El mensaje que se quiso reproducir no está explícito en la imagen y se basa en la interpretación que le da el lector, es decir que impone lo que le debería gustar a «cada género», cómo deberían vestirse e incluso qué deberían ser de grandes (la nena cuidar bebes y estar en la cocina, y el nene debería jugar a la pelota o ser policía y tener armas). Pertenece al típico estereotipo de género que desde chicos y chicas nos imponen y que,  gracias a las prácticas productoras de sentido, nos hace darle esa interpretación al mensaje con el objetivo de que compres los juguetes guiados según el género. 

 

Otro ejemplo es la canción «Arroz con leche» que nos da un mensaje de cómo «debería» ser una esposa: «Que sepa tejer, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar». Esta canción infantil que escuchamos tantas veces hace que, gracias a las prácticas productoras de sentido entendamos o aceptemos que deberíamos cumplir ciertos «requisitos» para conseguir esposo. Además de que propone una idea de pareja heterosexual donde la mujer debe «abrir la puerta para ir a jugar» y ella quedarse en la casa. 

 

Todas estas prácticas producen un sentido hegemónico que forma parte de una red de discursos en la que estamos y con los que le damos propósito a nuestro mundo. Es decir, todos los discursos están relacionados entre sí, y nosotros mismos realizamos discursos en base a otros.

 

Entonces, si eso lo vinculamos con los medios de comunicación, podemos ver que todos los discursos que nos atraviesan, se encuentran «encadenados» a un discurso que es reproducido por los medios de comunicación masivos, con mucho poder. De este modo, nos llegan todos los días informaciones que nos resuenan en la cabeza, y que provienen de medios con un amplio alcance de audiencia y, por ende, con mayor dominio.                                                                                  

 

Como vimos, los medios no son los únicos que reproducen este tipo de información, sino que nuestra sociedad tambien contribuye a la creación y difución de estos estereotipos debido a que se nos inculcan desde que somos niños y niñas. Es importante cuestionarnos lo aprendido y contribuir al cambio comenzando desde uno.