Según la mitología griega, Pantolanto era la combinación de lo que hoy en día conocemos como una pantera y un león, que serían descendientes de este fabuloso animal. Por un lado, la pantera heredó el mediano tamaño y la básica anatomía, además de las filosas garras de su antecesor. Por otro lado, el león heredó su sedosa y larga melena. Muchos poetas de la Antigüedad describen su melena como hipnotizante, curativa e incluso protectora. Además, en La Ilíada de Homero se dice que sus largos y peligrosos dientes han hecho temblar a más de un mortal, e incluso semidiós.
No hay muchas versiones sobre su origen, pero la más conocida y aclamada dice que su nacimiento sucedió en los aposentos de Dioniso, dios del vino y la fertilidad. Tan amado y proclamado, como odiado y aborrecido. Poco se dice sobre que el nacimiento de Pantolanto, en realidad, fue un intento de homicidio en contra del dios. Con la copa de esa tarde se lo intentó envenenar, pero cuando tocó sus labios, la copa cayó y de sus restos surgió este ser. A pesar de la intención detrás de la copa, Dioniso decidió quedarse con el pequeño y cuidarlo para que un día sea un felino feroz y audaz.

Pero para llegar a tal majestuosidad debió de pasar por un arduo entrenamiento. Para ello Dioniso lo puso a prueba. Primero, tuvo que luchar contra cuatro quimeras. Estas eran respetadas y temidas por igual pero no fueron rivales dignos para Pantolanto quien les rompió los tímpanos de un mortal rugido. Después, ayudó a un pueblo agricultor con las cosechas, que fueron ofrecidas a Dioniso. Esto fue tarea fácil, ya que con su fuerza podía cargar grandes montos de cosecha. Y por último y más difícil, tuvo que pelear contra su amigo, Cerbero.
Esto sucedió ya que hubo un malentendido entre Hades y Dioniso ya que Dioniso llevó a Pantolanto al inframundo. Habían ido para una reunión de amigos, pero Hades, al no estar enterando, creyó que querían robar su casco de invisibilidad. Por lo tanto, Hades ordenó a Cerbero que atacara a Dioniso y a Pantolanto. Entonces fue ahí cuando el segundo se vio obligado a intervenir. Por fin, la ocasión requería que Pantolanto le devolviese el favor de cuidarlo a Dioniso. La pelea fue justa. Pantolanto estaba gravemente herido y ningún dios iba a intervenir a menos que lo hiciera el otro. Por eso, recurrió a su último recurso. Miro a Hades a los ojos y con todas sus fuerzas restantes lo hipnotizó. Eso logró calmarlo y darle la chance a Dioniso a explicar la situación. Al final, todo volvió a la normalidad.
