Somos como un termo de mate.
A veces el termo está lleno,
tan lleno que a veces suelta pequeñas gotas de agua que rebalsan de él.
A veces el termo se vuelca, rebalsa.
Rebalsa porque está lleno,
porque una persona lo agitó mucho
porque una persona lo cargó mucho
porque una persona lo calentó de más.
A veces el termo está vacío
sintiendo la oscuridad y el frío de no estar lleno, cálido, dulce.
Somos como un termo de mate.
Podemos endulzar a alguien, a quien nos «esté tomando»,
quién nos escuche como un amigo te escucha en esas charlas con un buen mate…
Endulzar un momento, endulzar con palabras, acciones,
tardes o noches.
Somos como un termo de mate.
Porque también podemos ser amargos
o podemos amargar,
amargar al decir cosas sin pensar, accionar y no hablar.
Somos como un termo de mate.
Porque hay quienes nos disfrutan dulces o amargos,
llenos o vacíos,
calientes o fríos.
Porque siempre va a haber alguien
que te acepte un mate,
no importa cuál ni cómo esté.
