Al compás de libros quemados,
poetas fantasmas recitan sonetos
de disgusto con su realidad.
Donde la mano que te da de comer,
no te garantiza seguridad.
La noche de mis gargantas,
cantan las oscuras melodías,
y los lápices que escriben la verdad,
poco a poco desaparecen.
Aquellos valientes pensantes,
que traspasan los límites de la caja
aparecen penitentes y por lo general se los baja,
las cartas en una “guerra” ideológica
se barajan lentamente,
mientras los pibes tratan de dar un mensaje
que sí viaja.
